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No existen niños a los que no les guste la historia, solo niños a los que no se la han contado como deberían.

  • junio 2, 2014

Cuando un grupo de profesionales de la historiografía coge las riendas de las fiestas históricas, confluyen una serie de factores que de lo contrario es difícil que lo hagan. El primero es aquel que derriba el tópico de que los historiadores tienen pocas salidas profesionales. Tonterías. Lo que el historiador necesita es disciplina, formación, creatividad y capacidad de diseñar y comercializar productos culturales; si vierais los números que mueven las fiestas históricas en este país, os caeríais de culo. El segundo factor va ligado a echar el resto y convertirlo en espectáculo. Reconstruir la historia como base del producto cultural y turístico hace que esta, bien contada, se convierta en un espectáculo sin parangón.

            Como el que vivieron el otro día las gentes de Monzón, y que en pocos meses vamos a poder ver, más a lo grande, en Barbastro o en Huesca. Comenzamos el sábado, a pesar de la llovizna, con un desfile kilométrico (en exceso, según mi criterio, pues ya sabéis que soy más de apostar por la calidad que por la cantidad). Eso sí, decidimos encabezarlo con un nutrido grupo de recreadores históricos (pero de los de verdad, no de los tontos del haba que no tienen ni idea de arqueología y se creen que las dagas de bullones son únicamente del siglo XV). Parte de ese grupo lo hicimos a caballo, porque recrear la edad feudal europea sin caballería es como recrear la II Guerra mundial con tirachinas (es decir, no es recrear). Las imágenes que os muestro son, por un lado, un caballero propio de 1440, con armadura de elementos alemanes y milaneses (le quité algunos elementos por precaución, como el faldón de malla, el byrnie o las lunetas); y caballería de la primera mitad del siglo XIII, con escudo heráldico y yelmo de tonel pleno.

            Al día siguiente, con un sol radiante gracias a la gloria de Allah, recreamos en el lecho del río Sosa una batalla entre cincuenta contendientes. Contamos con la inestimable colaboración de nuestros amigos de Arx Corpus Dei Cordis, Templers de Bagà, Caballeros de Ulver y Templarios y hospitalarios de Teruel. En la batalla pudimos ver un cruento enfrentamiento entre tropas taifales del siglo XIII contra tropas cruzadas, infantería y caballería templaria y hospitalaria. Las cargas de caballería pesada contra la infantería, por parte de ambos bandos, y los enfrentamientos entre infantería, dejaron con la boca abierta al público. Además, las arengas previas al combate mediante sonorización y la explicación de qué tipos de tropas nutrían ambos ejércitos en el siglo XIII hicieron las delicias de las tres mil personas que se congregaron en el auditorio natural del río para ver el espectáculo. Porque eso fue, un espectáculo.

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